sábado, 29 de noviembre de 2008

Los mormones nos quieren reclutar

Estaba yo sentado en un banco con mi amiga Patry en una plaza cualquiera, disfrutando del frío que calaba los huesos, cuando de repente aparecieron. Eran dos jóvenes guiris encorbatados y biblia en mano. Enseguida les calé pero ya era demasiado tarde, los teníamos encima, estábamos acorralados. Nos ofrecieron su mano y yo respondí con la mía helada. Esperaba que mi frío apretón de manos enfriará también su venta. Procuraría mostrar el mínimo interés y la máxima ausencia para que se dieran cuenta enseguida de que no era una presa fácil. Siguieron con sus técnicas de venta, presentándose y preguntándonos por nuestro nombre. Ella les pregunto que de donde eran y que si no eran de aquí (algo obvio por la pinta que llevaban). Ellos respondieron que eran de Estados Unidos. Uno de Texas y el otro de Minesota y que apenas llevaban unas horas en este país. Preguntados también por su edad nos dijeron veintiuno y veintidós años respectivamente. Yo pensé ¡tan jóvenes y ya les han lavado la cabeza!.

Llegó la pregunta fatídica que me estaba temiendo y que era que si creíamos en dios. Ella, en su inocencia, respondió que Sí, vehementemente. Me llego mi turno de respuesta y dije que Sí, para no escandalizar a unas mentes tan cuadriculadas, pero que creía en un dios personal y sin religión. Después de eso se hizo el silencio y ví en sus ojos que se decían que se habían equivocado de clientela. Para finalizar le dieron a ella una tarjeta con un teléfono de contacto. Se ve que vieron que podía ser una posible buena candidata a la manipulación...


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